Unos de los talleres más emocionantes de los que ha impartido Maryam a lo largo de todos estos años de dedicación a la danza oriental.
En compañia de Wafir F. y Salah S. dos de los músicos con mas recorrido y bagaje dentro del territorio nacional, todo es mucho más fácil y fluido, en palabras de la propia Maryam. Se adaptaron a los estilos de las diferentes alumnas que tomaron el curso, las guiaron en los momentos más difíciles, tocaron con una técnica impresionante, y le dieron al taller ese toque de calidad que solo se puede aportar cuando hay una comunión única entre bailarina y músicos.
Maryam dio algunas de las claves para que el privilegio de bailar con músicos en directo sea eso, un privilegio, una ocasión única, una oportunidad extraordinaria, una manera de expresión por encima de los sentidos; y para que no se convierta en pánico escénico, temor, miedo y todas esas sensaciones negativas que hacen que una buena bailarina se convierta de repente en una bailarina mediocre delante de la gran oportunidad que es bailar con música en vivo.
Pero el taller no acababa hay, iba un poco más allá. Se centro en la improvisación, máxima expresión de esa comunicación tan especial, esa comunión músico-bailarina, que hace que todo lo que flota en el aire sea mágico y especial, donde la gente percibe los gestos comunicativos entre los artistas, pero no sabe lo que está pasando realmente, porque solo puede disfrutar al máximo de ese dialogo tan increíble.
Cuando alguien ensaya un canción cientos de veces, se puede apreciar la técnica, el método, los conocimientos de esa bailarina, pero esto es relativamente “ fácil “, es cuestión de horas y horas de ensayo. Puede quedar un baile compacto, coherente y muy vistoso, pero se corre el riesgo de la perdida de sensaciones y la falta de sentimientos, de que la bailarina no sepa expresar lo que verdaderamente siente. Esto es debido a la fatiga emocional que se sufre cuando hemos escuchado el mismo tema un par de centenares de veces, cuando hemos repetido la misma estrofa hasta la saciedad para que todo este a tiempo y es su sitio con la mejor de nuestras intenciones claro.
El taller trataba de eso. Cuando una bailarina tiene la oportunidad de IMPROVISAR con los músicos, todo sale de dentro, del corazón del alma de los artistas de esa comunicación casi sobrenatural que flota en el ambiente. Ni la bailarina ni el propio músico saben lo que va a pasar a ciencia cierta, ni de si va a salir un báladi o un saidi o lo que sea, porque todo es espontáneo, simplemente surge como de la nada.
Pero para llegar a eso hacen falta unas pautas, conocer la música, los instrumentos, como se tocan, como son físicamente, si son de cuerda, de viento, de percusión, las estructuras de la música del mundo árabe; así como el conocimiento profundo del propio baile, incluso de la cultura de donde proviene.
El temario fue un poco de todo eso, técnica, conocimientos, emoción, libertad, fluidez, danza, música. Un taller destinado a eliminar los miedos y los complejos, y fomentar una de las cosas más maravillosas, bonitas y libres en todas las artes escénicas; la IMPROVISACIÓN con mayúsculas.
Gracias a todas las asistentes al curso, y muy en especial a la persona que confió en Maryam para impartir este taller y que hizo posible que fuera en Madrid, Mónica Tello.
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